Lo que ha cambiado con la IA
Hasta hace poco automatizar significaba RPA: programas que imitaban los clics
de una persona sobre una pantalla. Funcionaba, pero era frágil — bastaba con que el proveedor
moviera un botón para que todo dejara de funcionar.
Además tenía un límite duro: solo servía para datos ordenados. Un correo
escrito por una persona, un albarán fotografiado con el móvil o un pedido en formato libre se
quedaban fuera, y precisamente ahí es donde se va la mayor parte del tiempo en una empresa
pequeña.
Eso es lo que ha cambiado. Ahora se puede automatizar también lo desordenado:
leer un correo y entender qué pide, sacar los datos de un documento escaneado, redactar un
borrador de respuesta.
El cambio se nota en cómo busca la gente: las consultas sobre agentes de IA se han
multiplicado por más de quince en el último año, mientras las de RPA han caído a la
tercera parte. No es una moda de titulares: es que ahora funciona para casos donde antes no.
Eso sí, con criterio. La IA se usa donde hace falta interpretar; el resto del
proceso va con conexiones directas entre sistemas, que son más baratas, más rápidas y no fallan.
Podéis ver cómo lo aplico al primer contacto con el cliente en la página de
chatbot para empresas.